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El Reglamento de ChatControl: cómo el Parlamento Europeo intenta luchar contra el abuso de menores

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El Internet es un universo sin límites que ha afectado enormemente nuestras vidas en los últimos años, trayendo consigo numerosas e innegables ventajas.

 

Pensemos, por ejemplo, en las comunicaciones que hoy son instantáneas y la base de muchas profesiones basta un ordenador y una conexión a internet para comunicarse con un colega del otro lado del mundo y colaborar en tiempo real. 

 

Y éste es sólo uno de los muchos ejemplos; podemos hablar de lo práctico que se ha vuelto ahora hacer operaciones bancarias desde la comodidad de nuestro sofá o buscar un bien que no encontramos en las tiendas cercanas a nuestro domicilio y que nos lo entreguen, incluso podemos ir a comprar sin salir de casa.

 

Si bien es cierto que las ventajas que ha aportado esta tecnología son muchas también lo es que este universo ilimitado e intrincado esconde también muchas trampas, sobre todo para aquellos que no tienen una idea clara de cómo relacionarse con este sistema. 

 

Si bien es cierto por un lado, que ahora casi todo el mundo tiene acceso a Internet, también lo es por otro lado, que hay muchos que todavía no tienen claro los riesgos reales que corren al navegar por sitios inseguros y/o al utilizar y difundir sus datos de forma incorrecta.  

 

Entre los más expuestos a posibles peligros se encuentran sin duda, los menores que como sabemos, utilizan constantemente las nuevas tecnologías pero confían ciegamente en ellas y no es en absoluto seguro que tengan la madurez necesaria para navegar de forma responsable. Además del peligro de toparse con posibles estafas también existe el peligro de tener encuentros virtuales desagradables.

 

Una de las trampas más arriesgadas que esconde la web es la pornografía infantil.

Como veremos, este fenómeno ha crecido desgraciadamente en los últimos años gracias a la pandemia y a la enorme difusión de los smartphones incluso entre los más jóvenes.



Los canales más utilizados por los delincuentes

Los autores de este atroz delito utilizan Internet no sólo para atraer a los menores sino también para difundir material ilícito utilizando principalmente los chats privados, verdaderos lugares virtuales que hasta la fecha han demostrado ser fortalezas que permiten a estos individuos sin escrúpulos actuar con total libertad, y ello gracias al cifrado de extremo a extremo creado para proteger la privacidad de las comunicaciones.

 

Precisamente para combatir la pornografía infantil, la Unión Europea ha introducido un instrumento adicional que pretende golpear precisamente a los delincuentes que acosan a los menores y difunden o buscan pornografía infantil.

 

Esta arma es el Reglamento ChatControl que explicado en muy pocas y sencillas palabras es una vigilancia masiva de los chats y correos electrónicos que se intercambian en el territorio europeo para localizar a los delincuentes.

 

Por lo que se acaba de decir, es fácil entender cómo, aunque se trata de un instrumento que pretende sobre todo proteger a los menores, también tiene otro aspecto que ha despertado no pocas críticas, como es la violación de la intimidad de los usuarios que dicho control pone en práctica.

 

Recordemos, por ejemplo, cómo la cuestión se planteó también con la introducción del pase verde, que es ciertamente mucho menos invasivo que la regulación que vamos a ver. 

Veamos, pues, qué es el control del chat, cómo se aplica y cuáles son las posibles consecuencias para la población.

 

Así es como la UE lucha contra los abusos sexuales a menores en Internet

Una de las razones por las que la Unión Europea decidió intervenir con más fuerza en el drama de la pornografía infantil fue la publicación de los datos de Europol. 

 

De hecho de ellas se desprende que desgraciadamente durante el periodo de la pandemia los casos de maltrato infantil aumentaron considerablemente en comparación con el pasado reciente. ¿La razón?

 

Probablemente debido a las medidas de confinamiento adoptadas para frenar la propagación del virus, los más jóvenes se vieron obligados a pasar más tiempo en casa con lo que aumentaron el tiempo dedicado a las redes sociales y a Internet en general, incrementando así su exposición a posibles riesgos.

 

Los autores de los abusos sexuales se han aprovechado de esta situación, encontrando en las redes sociales muchas oportunidades para atraer a jóvenes incautos aprovechando también la posibilidad a través de las webcams integradas en la mayoría de los dispositivos, de poder obtener vídeos y fotos con extrema facilidad llegando incluso a la extorsión sexual.

 

Los riesgos para los menores: el ciberacoso

Aunque hay que tener al menos 13 años para tener un perfil social propio (Facebook, Instagram, TikTok, etc.), no es infrecuente que los menores se registren mintiendo sobre su edad (o a veces con la complicidad de unos padres demasiado complacientes) y que luego veamos a los niños con los smartphones en la mano grabándose emulando a los adultos en su lenguaje y movimientos para luego compartirlo todo online. 

 

El problema es que muy a menudo lo que se considera un juego se hace lejos de la mirada de un adulto, uno de los riesgos a los que puede estar expuesto un niño que se queda solo con un smartphone y una conexión a Internet es el ciberacoso.

 

Se trata de una acción perpetrada por un adulto contra un niño que, al intentar hacer amigos a través de preguntas que pueden parecer inocentes a primera vista (preguntas sobre la música favorita, los dibujos animados, etc.) tienen el objetivo último y oculto de atraer al niño cada vez más hasta el punto de hacerle cometer y compartir actos sexuales, quizás a través de fotos o incluso vídeos.

 

Al igual que en el caso del ciberacoso, todavía no existe una ley específica para el ciberacoso, pero sin embargo se castiga porque el propósito es absolutamente ilegal.



Los peligros de la red

Los peligros de Internet son muchos y si el ciberacoso es un acto bastante claro también hay otras formas menos flagrantes en las que los pederastas pueden actuar y perjudicar a los niños, incluso las imágenes que no son explícitas a primera vista, y que muestran la vida cotidiana de un niño, como fotos triviales de disfraces, pueden convertirse en pornografía infantil entrando en los circuitos de incriminación.

 

Precisamente por eso es conveniente vigilar constantemente a los menores cuando utilizan las redes sociales y advertirles de los peligros que pueden correr incluso por compartir una simple foto inocente de buena fe. 



El primer caso de vigilancia masiva en Europa

Por ello la lucha contra la pornografía infantil es cada vez más dura y pretende atacar el lugar donde los delincuentes se sienten más cómodos porque pueden actuar casi sin ser molestados: Internet.

 

Lo que pretende básicamente el reglamento ChatControl es aplicar una vigilancia masiva a todos los ciudadanos de la UE que utilicen salas de chat y servicios de correo electrónico.

 

Ni que decir tiene que esta normativa ha suscitado muchas críticas ya que va más allá de la prohibición de la vigilancia masiva de los usuarios de la web establecida en la directiva sobre privacidad. 

 

De aplicarse, el reglamento de control del chat sería precisamente el primer caso real de vigilancia masiva puesto en práctica en la Unión Europea y correría el riesgo de socavar la privacidad de los usuarios.



Cómo funciona el Reglamento de Control de Chats 

El reglamento de ChatControl se aprobó en la primera semana de julio de 2021. 

 

Para ser claros, se trata de un acuerdo provisional que todavía tiene que ser presentado al Coreper, el Comité de Representantes Permanentes que forma parte del Consejo de la Unión Europea, y luego tiene que ser aprobado por el Consejo.

 

La adopción formal por parte del Consejo irá seguida de la publicación en el Diario Oficial de la UE, tras lo cual deberán transcurrir tres días para la entrada en vigor definitiva.

 

Por lo tanto, las normas introducidas por ChatControl serán provisionales, ya que se trata de un reglamento temporal. Afectará a las aplicaciones de mensajería web y a los servicios de correo electrónico como por ejemplo, Messenger, Telegram y WhatsApp, así como a otras aplicaciones muy utilizadas.

 

El objetivo es permitir a los proveedores de servicios de comunicación detectar, eliminar y denunciar los casos de abusos sexuales a menores en línea.

Se trata por tanto, de una lucha en dos frentes: el primero se refiere a la captación de menores y con ello, a evitar que los abusadores puedan contactar con ellos; el segundo, a la difusión de pornografía infantil en línea.

Hay que precisar que los proveedores de los servicios mencionados pueden adherirse voluntariamente al reglamento ChatControl, por lo que no será una imposición.  

 

Pero, ¿cómo funciona exactamente?

 

Cifrado de extremo a extremo

Para entender exactamente cómo funciona Chat Control es bueno entender cómo funciona la mensajería en la web hoy en día.

 

Hablando de Messenger, WhatsApp y otras apps similares, seguro que has oído hablar del llamado "cifrado de extremo a extremo", pero ¿qué significa?

 

Lo que ocurre en la práctica desde 2016 es que los mensajes que intercambiamos a través de estas apps están protegidos, encriptados de extremo a extremo, lo que impide que terceros incluidos los operadores de las apps, puedan interceptarlos y leerlos.

 

No hay forma de leer los chats si no es a través de la voluntad directa de las personas implicadas en el propio chat, los dos "extremos" precisamente.

 

Por lo tanto, si las autoridades quisieran leer un chat de alguna manera por considerarlo comprometedor, tendrían que ponerse en contacto con los implicados directamente.

 

Tal y como están las cosas en la actualidad, la única forma de desenmascarar los chats ilícitos es a través de infiltrados que mediante investigaciones específicas consiguen ser aceptados y comunicarse directamente con los infractores para desenmascararlos.

 

Y aquí es precisamente donde entra el reglamento de Control de Chats que recordemos, aún no está activo pero podría introducirse en unos dos o tres años.

 

El nuevo sistema podría imponer una puerta trasera en los sistemas de mensajería, es decir, un atajo privilegiado que podría permitir a las autoridades vigilar y detectar chats y material incriminado.



¿Se espiarán entonces nuestras conversaciones?

Y es precisamente aquí donde muchos se hacen una pregunta muy legítima, que va mucho más allá de la divulgación de datos personales: ¿el reglamento de ChatControl hará que se espíen nuestras conversaciones? La verdad es que no.

 

Este nuevo sistema gracias a la tecnología hashing, permitirá escanear de forma totalmente automática los textos, imágenes y tráfico de datos que se produzcan en la comunicación entre una o varias partes. 

 

A continuación, serán los algoritmos los que identifiquen el material sospechoso que será remitido a los proveedores que a su vez informarán a las autoridades competentes.

 

¿Quién controla los proveedores?

Hasta aquí no parece haber nada extraño ya que todo el sistema está orientado a la lucha contra la delincuencia.

 

Pero, ¿quién garantiza entonces que los proveedores no se aprovechen de esta situación?

 

El tema de la privacidad es extremadamente delicado tanto que era necesaria la introducción de la legislación GDPR que regula esta cuestión.

Además, hasta la fecha numerosas aplicaciones han sido bloqueadas precisamente porque hacían un uso indebido de los datos recogidos o, incluso, porque recogían información de forma ilícita (como por ejemplo, mediante el uso no autorizado del micrófono).

 

En definitiva, ¿quién controlará a los proveedores?



La exención de la Directiva y la privacidad

Evidentemente las autoridades garantizan que el Reglamento ChatControl a pesar de su derogación de la normativa sobre privacidad, la Carta de Derechos Fundamentales y el GDPR siempre saldrá a la luz.

 

También se ofrecerán otras garantías con el claro objetivo de asegurar a los usuarios que se respetará su privacidad y confidencialidad en línea.

En concreto, la excepción interviene en el artículo 5.1 y en el artículo 6.1 de la Directiva sobre privacidad que son básicamente los artículos de protección de la confidencialidad en relación con los datos de comunicación (chat y correo electrónico) y de tráfico en línea.

Es muy importante especificar que esta disposición exenta prohíbe escuchar, almacenar, intervenir y otras formas de vigilancia o interceptación de datos de chat, correo electrónico y tráfico a terceras personas. Sólo los proveedores autorizados podrán recoger datos de comunicación.

La nueva normativa permitirá a los proveedores de servicios de chat y correo web adherirse a la normativa ChatControl para poder identificar y eliminar la pornografía infantil y denunciar cualquier abuso sexual de menores perpetrado en línea combatiendo así el citado ciberacoso.

Sin embargo, todas las iniciativas deben tomarse de acuerdo con todas las normas que protegen al mismo tiempo la privacidad de los usuarios honestos. 

Todas las tecnologías utilizadas deben emplearse con el único fin de combatir la pornografía infantil en línea. Precisamente por ello, los sistemas utilizados deberán limitarse a detectar posibles casos de maltrato infantil pero sin comprender el contenido del chat.

 

Pero, ¿qué ocurre si un chat analizado no contiene ningún material comprometedor? 

 

En este caso todos los datos recogidos durante la investigación tendrán que ser eliminados.

En el caso de una acusación, el reglamento de ChatControl prevé la posibilidad de un recurso para garantizar que las personas honestas que hayan tropezado accidentalmente con las mallas de esta red puedan reclamar si se viola su derecho a la intimidad.

 

Críticas al Reglamento de ChatControl

Si bien el objetivo de la UE es absolutamente legítimo, sigue habiendo preocupaciones igualmente legítimas. 

 

No han faltado las duras críticas, sobre todo en relación con los riesgos que corren los usuarios de buena fe. El punto que aún se debate es sobre todo el control de los proveedores que gracias a la posibilidad que se les concede pueden aprovecharse de la situación recogiendo datos para otros fines no relacionados con la lucha contra la pornografía infantil.

 

El temor más generalizado es que la vigilancia ejercida sobre las comunicaciones privadas y por tanto confidenciales choca con otros derechos fundamentales de los ciudadanos de la UE, como el derecho a la protección de los datos personales y el respeto a la intimidad poniéndolos en especial riesgo.



Críticas también de los eurodiputados

No sólo los ciudadanos europeos critican el reglamento de ChatControl, sino también algunos de los propios eurodiputados que votaron a favor del mismo. 

 

Cabe señalar que la votación reveló una amplia mayoría a favor del propio reglamento con nada menos que 537 votos a favor, 133 en contra y 24 abstenciones. Pero es una victoria que aunque parezca abrumadora, no está del todo exenta de críticas. También se alzaron voces discrepantes en el seno del grupo de eurodiputados, a pesar de que el reglamento fue aprobado con casi tres cuartas partes de los votos a favor.

 

Entre los mayores opositores a la normativa de ChatControl se encuentra Patrick Breyer, miembro del Partido Pirata, más conocido por sus luchas en el ámbito de los derechos civiles.

 

Además de la cuestión de la privacidad, Breyer también expresa una gran preocupación por la posible acusación errónea de ciudadanos inocentes, por no hablar de las fotos privadas de los propios menores, que podrían caer de alguna manera en manos equivocadas a través de los controles de los proveedores.

 

Otro firme opositor a esta medida es Marcel Kolaja, también miembro del Partido Pirata y vicepresidente del Parlamento Europeo, que habla de "daño irrevocable a nuestro derecho fundamental a la privacidad".

 

Evidentemente estamos en el terreno de las hipótesis veremos qué ocurre con la aplicación final del reglamento ChatControl y si realmente los organismos competentes consiguen mantener la situación bajo control, combatir a los que abusan de los menores y al mismo tiempo, garantizar la privacidad de los ciudadanos honrados que utilizan Internet y las distintas apps de comunicación para simples fines profesionales o lúdicos.

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