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¿Qué pasa cuando te separas de tu pareja y tienes una hipoteca?

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¿Quién se queda en la casa en una separación?

 

Cuando hablamos de matrimonio, lo que nos viene a la mente son los sentimientos de amor que impulsan a dos personas a emprender una vida en pareja. La pareja se compromete a planificar su vida teniendo en cuenta las necesidades de la otra persona. Sus objetivos cambian o se añaden otros nuevos, a veces muy importantes.

 

Uno de los principales objetivos de los matrimonios es comprar una casa, ya sea el hogar familiar o una casa de vacaciones. Sin embargo, cuando se habla de matrimonio, hay que pensar también en el otro aspecto, más cínico, el contractual. Sí, porque una cosa que tenemos que tener en cuenta es que el matrimonio es un contrato real, con todos los derechos y deberes que la pareja tiene para con el otro.



Hay muchos matrimonios que terminan, a veces de forma pacífica, a veces de forma tormentosa. En ambos casos, el asunto nunca puede resolverse sin algún contratiempo, especialmente cuando hay bienes en común o incluso una hipoteca conjunta.



Por estos motivos, cada vez son más las parejas que deciden no casarse y optan por la convivencia. De este modo, los cónyuges conservan la plena propiedad de sus bienes y, una vez terminada la relación amorosa, la separación legal es fácil. El único caso en el que un tribunal puede intervenir es cuando hay niños para los que es necesaria una decisión sobre la custodia.



¿Qué ocurre con la hipoteca en caso de divorcio?

 

 

Hipoteca conjunta

 

Si has decidido comprar una vivienda con una hipoteca conjunta, debes saber que a pesar de la separación de bienes, las condiciones contractuales negociadas por los prestatarios con el prestamista no pierden su valor. A ojos del banco, el contrato sigue siendo válido y son los cónyuges quienes deben decidir qué hacer. Si no se llega a un acuerdo, el tribunal decidirá qué hacer. 



Régimen de propiedad

 

Otra cuestión es el tipo de régimen de propiedad que la pareja ha decidido firmar.



  1. Si has optado por la separación de bienes, cada uno de los cónyuges conserva la plena propiedad de los bienes que haya adquirido antes o durante el matrimonio, siempre que los bienes estén adquiridos exclusivamente a nombre de uno de los cónyuges.

 

En el marco de la separación de bienes, cada cónyuge sigue siendo responsable de las deudas, como préstamos o hipotecas, contraídas antes o durante el matrimonio.

 

  1. Con la comunidad de bienes, todo lo que se adquiere durante el matrimonio pasa automáticamente a ser propiedad de ambos cónyuges. Si el matrimonio termina, hay que repartir los bienes comunes, que incluyen las deudas, como los préstamos. 

 

 

¿Qué pasa cuando te separas de tu pareja y tienes una hipoteca?

 

Veamos qué ocurre con una hipoteca conjunta tras la separación. Siempre es deseable que el matrimonio termine de mutuo acuerdo, llegando ambos cónyuges a un acuerdo sobre la división de los bienes.



Una de las soluciones podría ser que uno de los cónyuges se desvinculara del contrato de préstamo, previa notificación al banco, que deberá dar su consentimiento. De este modo, el cónyuge que resuelva el contrato ya no tendrá que pagar las cuotas restantes de la hipoteca. 

El otro cónyuge, por su parte, está de acuerdo y decide hacerse cargo de los pagos restantes de la hipoteca.

 

Un escenario diferente se presenta si los dos cónyuges no pueden llegar a un acuerdo. En este caso, surge un conflicto y se requiere la intervención de un juez para decidir qué hacer. Es importante tener en cuenta que hasta que el juez tome una decisión, los pagos de la hipoteca tendrán que ser pagados por ambos cónyuges. Si uno o ambos no pagan, ambos cónyuges serán insolventes y podrán ser objeto de una acción de ejecución. Además, la propiedad, que ya estaba hipotecada en el momento de la constitución de la hipoteca, podría ser embargada y vendida en subasta. 



Hipoteca y pensión de alimentos: la intervención del tribunal

 

La situación se vuelve aún más compleja cuando los cónyuges, que viven en régimen de gananciales o han decidido comprar una propiedad juntos, también tienen hijos. 

 

En caso de separación, el cónyuge que está en mejor situación económica que el otro suele estar obligado a pagar una pensión de alimentos al cónyuge más débil económicamente. Cabe señalar que se trata de una norma general que se aplica en función de las distintas situaciones. El cónyuge económicamente más fuerte puede entonces proponer hacerse cargo de la totalidad de los pagos restantes de la hipoteca y deducir este gasto de la prestación debida. 

 

En la separación judicial, cuando no hay un acuerdo alcanzado espontáneamente por las partes, la petición de imputar la hipoteca al cónyuge económicamente más estable debe hacerse en la demanda introductoria y dentro de la primera audiencia, cuando se deciden las medidas "temporales y urgentes" necesarias para proteger a la parte más débil. No es raro que estas medidas duren años y tengan un impacto considerable en la situación económica del cónyuge que ha pasado a ser responsable del pago de la hipoteca.



La situación se vuelve así bastante compleja. Estos gastos repercuten negativamente en los ingresos del obligado que, además de la cuota, tendrá que pagar la indemnización. La cantidad total a pagar se hace aún más pesada si la casa en cuestión se asigna al cónyuge que vive con los hijos, normalmente la esposa. El otro cónyuge tendrá que buscar otro alojamiento, lo que supondrá un nuevo desembolso de dinero. En este caso, el juez puede decidir reducir la pensión de alimentos.



En cambio, si la pareja ha optado por un régimen de separación de bienes, salvo que hayan decidido comprar la casa en común, cada cónyuge mantiene su patrimonio sin cambios durante la separación.  

 

 

 

Asumir la hipoteca y vender la casa. Reparto equitativo de los ingresos



Otra solución es que uno de los cónyuges se haga cargo de las cuotas restantes a su nombre. Por supuesto, dicha decisión debe ser valorada y aceptada por ambos cónyuges y posteriormente transcrita en el convenio de separación. En este caso, el otro cónyuge quedará excluido del contrato con el prestamista y ya no tendrá que pagar ninguna cuota.  

 

 

 

Otra posibilidad es que los cónyuges decidan vender la propiedad y dividir las ganancias a partes iguales. En este caso, se puede decidir devolver el préstamo con el producto de la venta del inmueble o transferir el contrato al nuevo comprador. Como ya se ha mencionado, si los cónyuges no pueden llegar a un acuerdo, un juez decidirá la división de los bienes y la venta de los mismos. 

 

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